miércoles, 16 de marzo de 2011

Bahrein: un conflicto entre grupos islámicos

El país, con una población de mayoría chií, vive bajo una dinastía suní y está en una encrucijada a nivel social, su cercanía con Irán y Arabia Saudí pone de relieve la importancia estrátegica de este pequeño estado del Golfo Pérsico.

Las protestas de la mayoría chií amenzan con desestabilizar el poder de la dinastía que gobierna desde hace 40 años con la complicidad de EE.UU. El reino de Bahrein es un mosaico de etnias gobernado por la dinastía suní de la familia Al Khalifa, a cuyo frente está el rey Sheik Hamad. Aunque sobre el papel Bahrein es una monarquía constitucional, la realidad es muy distinta: la democracia es solo aparente, puesto que el gobierno está al dictado de la familia real, cuyos miembros copan la mayoría de los puestos de responsabilidad y poder. así, la tensión entre la comunidad chií, que representa un 80% de la población, y la suní impiden al país árabe alcanzar una mínima estabilidad social.

El enfrentamiento entre ambos grupos está en el origen de la actual protesta, que se ha saldado con decenas de heridos; pero es también el germen de muchas de las revueltas que han jalonado la historia reciente de este microestado islámico. Los chiíes acusan históricamente al régimen de someterlos a una continua discriminación y de privarles del acceso a la riqueza. Bahrein ha quedado dividido en dos; al cumplirse un mes de su inicio resulta evidente que la mayoría de los manifestantes son chiíes, una comunidad que se queja de discriminación por parte de los gobernantes suníes.

Las fuerzas de seguridad de Bahrein desalojaron este miércoles a cientos de opositores de la plaza de la Perla, el lugar donde se habían reunido durante semanas. Al menos tres personas murieron en la acción. El ejército de Bahrein impuso además un toque de queda de 12 horas diarias, de cuatro de la tarde a cuatro de la madrugada. De este modo, el rey Hamad al Khalifa, quien gobierna el país desde 1999, dio un paso más en la represión a los manifestantes que piden reformas democráticas y más representación política, especialmente para la población chiíta.


El aumento de la tensión corresponde también con una creciente radicalización de las protestas. Frente a la inicial petición de reformas democráticas y una monarquía constitucional, algunos grupos llaman a derrocar la monarquía, algo que atemoriza a los suníes, convencidos de que solo puede beneficiar a Irán. Sin embargo, existe la posibilidad de internacionalizar lo que hasta ahora ha sido un conflicto interno, esto debido a que el lunes pasado, tropas de Arabia Saudí cruzaron el puente que une ese país con Bahrein, bajo el paraguas del Consejo de Cooperación del Golfo; esta medida fue tomada por los partidos opositores como "ocupación". Por su parte, Irán advirtió que no va a permanecer de brazos cruzados ante la intervención saudí.

Pese a su tamaño, son muchos los ojos que miran y las voces que opinan sobre Bahrein, cuya importancia geopolítica y económica se revelan enormes: en esa isla del Golfo Pérsico se aloja la quinta flota naval de Estados Unidos y frentes a sus costas circula el 33% del petróleo mundial.

Pero además, algunos analistas apuntan que Bahrein se está convirtiendo en un tablero de ajedrez donde las dos potencias regionales, Arabi Saudí e Irán están jugando una partida con implicaciones que van más allá de la isla.


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